2 Reyes 5:14
“El entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme á la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fué limpio.”
Contexto: 2 Reyes 5
12Abana y Pharphar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y volvióse, y fuése enojado.
13Mas sus criados se llegaron á él, y habláronle, diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la hicieras? ¿cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?
14El entonces descendió, y zambullóse siete veces en el Jordán, conforme á la palabra del varón de Dios: y su carne se volvió como la carne de un niño, y fué limpio.
15Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y púsose delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Ruégote que recibas algún presente de tu siervo.
16Mas él dijo: Vive Jehová, delante del cual estoy, que no lo tomaré. E importunándole que tomase, él nunca quiso.
Acerca de 2 Reyes 5: La Sanación de Naamán

Naamán, un comandante del ejército sirio, es sanado de la lepra por Eliseo y se convierte en creyente del Señor.
Comentario
El capítulo 5 de 2 Reyes es un relato que narra la historia de Naamán, comandante del ejército del rey de Aram. Naamán es leproso, y ha oído hablar del profeta Eliseo en Israel, quien puede sanarlo. Naamán acude a Eliseo, y este envía un mensajero para decirle que vaya a lavarse siete veces en el río Jordán. Inicialmente, Naamán se enoja y se niega a hacerlo, pero sus criados lo convencen de intentarlo. Después de lavarse siete veces en el río Jordán, Naamán es sanado de su lepra.
Este capítulo es un gran ejemplo de fe y obediencia. Naamán estuvo dispuesto a poner su fe en el profeta Eliseo y obedecer sus instrucciones, incluso cuando le parecía extraño. Estuvo dispuesto a correr un riesgo y probar algo que le parecía imposible. Esta es una gran lección para nosotros hoy en día. Debemos estar dispuestos a poner nuestra fe en Dios y obedecer sus instrucciones, incluso cuando no tenga sentido para nosotros. Debemos estar dispuestos a correr riesgos y confiar en que Dios resolverá los detalles.