Josué 2:10
“Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del mar Bermejo delante de vosotros, cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho á los dos reyes de los Amorrheos que estaban de la parte allá del Jordán, á Sehón y á Og, á los cuales habéis destruíd”
Contexto: Josué 2
8Mas antes que ellos durmiesen, ella subió á ellos al terrado, y díjoles:
9Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país están desmayados por causa de vosotros;
10Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del mar Bermejo delante de vosotros, cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho á los dos reyes de los Amorrheos que estaban de la parte allá del Jordán, á Sehón y á Og, á los cuales habéis destruíd
11Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más espíritu en alguno por causa de vosotros: porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.
12Ruégoos pues ahora, me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal cierta;
Acerca de Josué 2: Rahab y los espías

Josué envía dos espías a Jericó, y se encuentran con una mujer llamada Rahab que les ayuda a escapar.
Comentario
Josué 2 es un capítulo que narra la historia de cómo Josué envió a dos espías a Jericó para reconocer la ciudad. Los espías fueron recibidos en la casa de Rahab, una prostituta, quien los escondió del rey de Jericó. Rahab luego hizo un trato con los espías, prometiéndoles protegerlos a ellos y a sus familias si ellos la perdonaban a ella y a su familia cuando conquistaran la ciudad. Los espías estuvieron de acuerdo y luego escaparon de la ciudad.
Este capítulo es importante en la Biblia, ya que nos muestra el poder de la fe y la confianza. Rahab tenía fe en que los espías cumplirían su promesa y la perdonarían a ella y a su familia, y los espías confiaban en que Rahab cumpliría su promesa y los protegería. Esta fe y confianza fueron recompensadas, ya que Rahab y su familia fueron perdonadas cuando los israelitas conquistaron Jericó.