Apocalipsis 14:3
“Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra.”
Contexto: Apocalipsis 14
1Y MIRÉ, y he aquí, el Cordero estaba sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de su Padre escrito en sus frentes.
2Y oí una voz del cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno: y oí una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas:
3Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra.
4Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. Estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.
5Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios.
Acerca de Apocalipsis 14: El Cordero y los 144,000

Este capítulo describe al Cordero (Jesucristo) y a los 144,000 redimidos que lo siguen.
Comentario
Apocalipsis 14 es un capítulo que habla de la victoria final de Dios sobre el mal. Comienza con una visión del Cordero de Dios, Jesucristo, de pie en el Monte Sión con 144,000 seguidores. Estos seguidores son descritos como "rescatados de entre los hombres" y "vírgenes" que no han sido contaminados por el mundo. Esta es una poderosa imagen de la victoria final de Dios sobre el mal y la redención final de la humanidad.
Luego, el capítulo continúa describiendo a tres ángeles que proclaman el evangelio de Jesucristo al mundo. El primer ángel proclama el evangelio del arrepentimiento y el segundo ángel anuncia la caída de Babilonia, símbolo de la maldad del mundo. El tercer ángel anuncia la ira de Dios sobre aquellos que adoran a la bestia y su imagen. Esto es un poderoso recordatorio del juicio final de Dios sobre aquellos que lo rechazan.